lunes, octubre 24, 2005

Caudillismo









“¿A quien votaste?”, “A Macri”, eran frases que se oían recurrentemente ayer, durante la jornada electoral. No obstante, veamos que no se votó un nuevo jefe de gobierno, eran elecciones legislativas. Lo que votaban esas personas, en realidad, era el partido por el cual Macri se candidateaba (entre otros tantos de la lista de diputados). Sin embargo nadie decía haber votado al PRO (Propuesta Republicana), probablemente la mayoría ni siquiera supiera cómo se llamaba el partido.

A lo que apunto con esto es que en Argentina no me parece que se voten partidos políticos, los argentinos están acostumbrados a votar solo caudillos según la simpatía personal que éstos les causan o según la circunstancia clientelar existente en ese momento. Los partidos se arman o desarman según la conveniencia electoral de los personalismos del momento. No son instituciones duraderas con mecanismos democráticos y transparentes para generar candidatos consensuados sobre la base de las ideas, el mérito, la experiencia acumulada y las condiciones de liderazgo.

Resultaba muy interesante ver el debate en “A dos voces” entre los 3 principales “candidatos”. Parecía como el debate entre Kerry y Bush en la última elección presidencial que ha tenido USA, sólo que aquí el supuesto perdedor no se iba a quedar afuera porque los “candidatos” que debatían iban a ser de todos modos los primeros en las listas de sus respectivos “partidos fantasma” y, en consecuencia, iban a acceder a una banca de por sí. Se luchaba por obtener algún diputado más que el contrincante, o sea, como si los diputados fuesen propiedad de uno u otro dirigente.

Donde se votan caudillos es difícil que se voten ideas, como sí se vota en los países donde lo importante son los partidos y sus doctrinas, y donde el nombre del candidato rara vez llega a ser tan fundamental (no me refiero al caso de USA). En esa clase de sistema político, el candidato es elegido por sus compañeros, pero no en función de ser el que maneja “la caja” que va a financiar la campaña y que, por lo tanto, va a posibilitar a quienes lo acompañen en la boleta a acceder a cargos públicos digamos que “por arrastre”.

En síntesis, mientras en Argentina se siga votando con criterios bananeros, el país seguirá siendo bananero. Mientras el motor de la política argentina siga siendo “la caja” y no la legítima convicción, no se podrá poner freno a esta corrupción rampante, ya que sin doctrina no hay política sino politiquería.

5 comentarios:

Alma dijo...

Devuelvo la visita y les dejo una sola pregunta, qué país (al menos latinoamericano) suele tomarse la molestia de pensar ANTES de votar... por eso como dice el refrán mexicano "México no progresa". En este caso ningún otro país.
Chales!:s.
Saludos
www.almaroja.blogspot.com

Lightbringer dijo...

Queridísimos compañeros de bancada. Imagínense si el pueblo conociera a los candidatos que vota. Tendríamos que someter las acciones de gobierno a su conocimiento, o a lo que ellos creen deben ser los candidatos más idóneos. En este sentido es bueno escuchar las reflexiones de la gente acerca de los caudillos, o candidatos que conocen y darnos cuenta que realmente son muy poca cosa. Por ej.: 'ese Menem era un ladrón': Bueno, estoy de acuerdo, pero decir que alguien es ladrón y por eso es un mal representante es una petición de principio. Ha habido grandes líderes políticos muy ladrones y muy pillos en la historia de la humanidad, y no por eso creo que sean malos líderes necesariamente: Pensemos en Genghis Khan, Alejnadro Magno, Delano Rooselvelt, o Joseph Stalin.

Conozco gente que conoce los candidatos y aún así vota de manera relativamente emotiva o sin sustrato racional. Los conozco porque yo pertenezco a esa especie. Soy el más grande pecador político y por ello creo que hay que ser indulgente. De última los alemanes votaron a Hitler (no la mayoría de los alemanes, pero sí una minoría suculenta, según estándares políticos) y no pienso acusarlos de ignorantes, atolondrados, emotivos, o delirantes de pacotilla.

Es ingenuo creer que los sistemas políticos determinan el desarrollo de una nación, el sistema político en tanto signo de cultura es parte de los condicionamientos de los individuos que actúan en una sociedad. Pero ni por casualidad pueden definir si esa sociedad es valiosa o no.

Estoy de acuerdo en que la gente es un poquitín hipócrita cuando evalúa las gestiones de gobierno. Pero en un estado donde las mayorías partidarias definen las estructuras de administración, la hipocresía política es necesaria.

Algún día dejarán de ser hipócritas y ¡agarrate Catalina!

Inconsciente Colectivo dijo...
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Inconsciente Colectivo dijo...

Vamos por partes.
Los partidos tradicionales sustentan el caudillismo con una amplia base de recursos y votos, asegurando la sujeción tanto de sus afiliados como de incautos por medio de símbolos que refuerzan el sentido de pertenencia a un "proyecto de país", "visión de la vida", "valor compartido" y demás inocente basura. La idea del lider carismático tiene poco y nada que ver con Argentina, México o Latinoamérica toda. Es más, tiene poco que ver con nuestro momento histórico, como bien señala el comentario de Lightbringer.

Sin embargo, en partidos de poca monta y pocas ideas (léase ARI, PRO-stitutas del poder-, el antiguo RECREAR, etc) la figura del caudillo cobra un valor agregado porque el caudillo ES el partido.
No hay convicción, no hay símbolos comunes a los que recurrir, no hay siquiera ideas políticas definidas. Autoproclamarse de centro-derecha o centro-izquierda no es un criterio en base al cual podamos prever las futuras decisiones de un candidato. Esto es un mercado de consumidores ignorantes, y es necesario vender, cada cual con su estrategia de marketing.
Esta vez ganó el niño Mauricio y la estrategia de invertir dinero en forma ridícula y desafiante (asesor de campaña ecuatoriano incluido).
Un período más de neoliberalismo y puede ganar sin despeinarse el Contrato Moral.

En serio, ¿qué importa? Estos son los juegos del sistema. Podemos llorar por el reglamento o podemos abolirlo. Pero no ganar jugando con sus reglas.

Abajo el reformismo dialoguista.

La_Marxiana dijo...

Me considero Latinoamericana, y crecí en un país que desde siempre se dividió en partidos, y que tuve sí caudillos a lo interno. Desde 1837 hasta 1971 el Uruguay se dividió en Blancos o nacionalistas y Colorados, y de allí surgieron los líderes.
A partir de 1971 la izquierda se acumuló en el Frente Amplio, y desde su victoria electoral de 2004, puede decirse que conviven los 3 partidos.
Crecí en un familia de tradición colorada, y no creo que ni mis abuelos ni mis padres hayan votado personas sino al partido.
En lo personal soy de izquierda y he votado al Frente Amplio aún cuando su lider Tabaré Vazquez no me era simpatico. Cuando ganó me emocioné, abracé y festejé con otros de izquierda. Había ganado la izquierda, el Frente Amplio, no Tabaré.
Esa lógica en el Uruguay funciona, de alguna manera permite situar a cada uno en donde le corresponde.
Si el resultado es el mejor no lo sé, lo que sí veo es que se suele dialogar más entre los partidos y el gobierno que otros lugares.

salu2!