viernes, agosto 12, 2005

El centro

El centro

El útlimo restaurant de comida rápida había dado noticia de su néon hacía ya 200 metros. Las estrellas eran la única luz despierta que acompañaba sus pasos

Caminaba desde hacía dos horas pensando por un momento que sería un negocio rentable hacer publicidad en ellas. Ya que mantienen presente su luz en los horarios más requeridos de la jornada en el lugar desde que se las quiera observar.

Presintió entonces que para un publicista entrenado no sería un desafío que la voluntad del espectador vea lo que quiere.

Dedujo que las estrellas son la demostración de que ubicar el objeto frente a la percepción de uno no sirve para que uno se fije en ellas sin fijarse en una imagen de ellas.

Dos días habían pasado desde que esos doscientos metros fueran recorridos y su teléfono aún sonaba en su memoria.

Cuando atendió el perro comenzó a saltarle sobre las piernas:

- Usted acaba de hacerse dueño de un automóvil 0km.
- Ahora no tengo tiempo.
- Señor, el auto lo espera en el frente de su casa. Puede comprobarlo viendo por su ventana.
- ¿cómo sabe que tengo ventana a la calle? – preguntó sin reflexionar mientras trataba de sacarse a jimmy de la rodilla
- ¿Quién no?
- Como sea

Fue al comedor y entreabrió la cortina. Un automóvil de color blanco lo esperaba en su vereda, y delante, una promotora de marca desconocida: “Sexy drivers”. Salió a encontrar a su interlocutor.

- Dejen de hacer publicidad en mi frente.
- Señor – le dijo la mujer de líneas de pasarela -, el automóvil es de usted. Si quiere que deje de hacer publicidad, lo tendrá que sacar de aquí.
- ¿Cuántas veces tengo que decir que no me interesa? ¿quieren que llame a la policía?
- ¿Para sacar su propio automóvil de su frente?.

Y entonces entendió. Se había ganado un automóvil. Por algún motivo que le iban a mostrar en las bases de algún inesperado concurso, se había hecho propietario del 0 km. que deliberadamente se había puesto en la vista de su casa. Pensó en la empresa de gas, o en los involuntarios premios al buen contribuyente que hacía el municipio local. Finalmente se le ocurrió que pudiera ser de la empresa de teléfono celular que utiliza.

- Pero yo no se manejar – dijo como reflexión para sí mismo –
- Él tampoco – dijo señalando al rodado con una sonrisa que hubiera podido comprar la empresa local de muñecas-
- ¿Dónde están las llaves?
- En el auto. Tiene la puerta del conductor abierta.
- ¿Usted me tiene que acompañar en el primer paseo – pregunté más como crítica a que todavía interfirieran entre mi nuevo amigo y yo-
- No acostumbro salir con clientes y ya hice lo que me pidieron así que: chau – dijo bruscamente, con una cara de “es sorprendente que la palabra urbanidad exista en tan pocos diccionarios y que de ellos tan poca gente los abra” -.

No tuvo tiempo para sentirse ofendido por el trato de la hermosa mujer. Y en el momento que puso sus manos sobre el volante, pensó que nunca se había sentido ofendido. Dos hermanos perdidos se habían reencontrado y este era el momento de las lágrimas, aunque no tardaron en convertirse en risas y luego en un estado de poder que había sentido sólo de chico.

Y aún no había encendido el motor, cuyo silencio inherte parecía el estallido de un estadio a la victoria. Cuando pusiere su pie sobre el acelerador, las ruedas comenzarían a moverse sobre la calle que lo había sentido caminar durante tantos años. Toda su vida luego de la muerte de su hermana.

Iba riéndose en los semáforos, en frente los estacionamientos, en la autopista, sorprendido de la cantidad de negocios nuevos y originales que había. Lugares de entretenimiento como: el montancine, un cine cuyo auditorio se movía como montaña rusa, la “casa del artista vanguardista”, un lugar donde uno entraba y sólo encontraba la salida cuando empezaba a cantar “la cucaracha, la cucaracha”. Era fácil reconocer la función de cada lugar, ya que ocupaban hectáreas de extensión, como así también los carteles de publicidad.

El no recordaba a su ciudad natal de esa manera. Será que su calle era un lugar de ancianos mayormente. Pero entonces se corrigió, su calle era un lugar solitario. Cuando volvía a la noche de su trabajo, no había luces en las casas aledañas. Cuando salía de su casa, nadie parecía moverse para ir al centro. El siempre desconfió de la publicidad y las empresas, por ende cuando veía en las casas un cartel con las palabras “se vende” o “se alquila”, no se los imaginaba más que como recordatorio de la existencia de las inmobiliarias.

El orden sucesivo de anuncios necrológicos del que había tenido noticia el año pasado le parecía parte de esa gran maniobra. ¿Cómo puede morirse tan rápido tanta gente que vive tan cerca de uno sin que uno se entere personalmente o sin que uno se enferme de la misma peste que los otros? Evidentemente las inmobiliarias querían hacer a su publicidad plausible, por eso pagaban por los anuncios y las necrológicas.

Además su trabajo quedaba en la misma calle y su sueldo se debitaba a una red de cajeros automáticos, uno de los cuales estaba en la esquina de su casa. Causas que hicieron que cada vez se moviera menos en lugares diferentes y sólo esa calle fuera al final el mundo que veía. Las vacaciones se las tomaba en una tranquila playa de un pueblo del país limítrofe, al cual no le había llegado noticia de los cambios humanos en los últimos 30 años.
Así, se habían limitado sus salidas al centro de la ciudad natal. El cual recordaba de la última vez que había ido, a los doce años, con peatonales y comercios pequeños con personas hoscas a los clientes nuevos, casi todos sin publicidad. Podía simplificarse aquellas caminatas como la exposición del negro, blanco, gris y marrón en exposiciones de: joyerías, zapaterías, tiendas y comedores.

Continuará...

2 comentarios:

Alejandra dijo...

Más aplausos mi querido Lautaro, más aplausos...

Inconsciente Colectivo dijo...

Excelente historia, bien escrita y con algunas ideas que harían a "la casa del artista vanguardista" parecer "la guarida del ogro reaccionario".
Adelante, hasta la victoria siempre, recuperemos la calle!
Buena historia, congratulaciones de nuevo