jueves, agosto 25, 2005

El centro 4

En las calles, los negocios seguían anunciando a las nueve de la noche. Había payasos que te invitaban al cine, y algunos mozos servían medialunas a los peatones para que compren en los negocios que estaban a su alrededor.

Uno de los negocios que le llamó la atención decía “Visite a su familia, si esta muerta, ¡mire el polvo de sus huesos!”.

Cuando entró, se sorprendió en ver lo que parecía un local bailable con atracciones de diferente tipo alrededor de la pista.

Era tarde, al auto casi se le había acabado el combustible, no había dormido y no había podido adelantar nada del trabajo del negocio. Los lugares que había visto habían dejado su cuerpo preparado para una habitación color ámbar llamada dormitorio ubicada cinco kilómetros del lugar donde se encontraba.

Así que fue a la estación de servicio que se hallaba a media cuadra y llenó el automóvil de combustible. El empleado tocó su ventanilla.

- Disculpe, pero la computadora dice que usted no tiene saldo en la tarjeta.
- Bueno, pero tengo 800 pesos así que fíjese nuevamente.
- De vez en cuando tenemos este tipo de problemas, es por eso que consulté sus operaciones de las últimas horas.
- ¿desde cuándo se puede invadir la privacidad de una persona de esa manera?
- No sé, pero me piden que lo haga, para evitar cualquier mal entendido. Allí dice que usted gastó 800 pesos en un lugar llamado el “Hotel de los huéspedes indecisos”
- Puta madre que lo parió. ¿Tiene teléfono?
- Sí señor, pero nos debe 50

Luego de pagarle, llamó al restaurante.

- Restaurante “Tradicional”
- Hola, miren, yo… - otra voz lo interrumpe.
- Si quiere reservar mesa, apriete el número 1, si quiere pedir a domicilio, por favor, apriete el número 2, si quiere quejarse por alguna cuenta superior a 800 pesos, apriete el número 3.

Apretó el 3.

- Señor, cuando usted tomó las llaves, no vio el llavero, donde quedaba claro el costo del lugar. Cumplimos con todos los requisitos legales de publicidad y advertencia.

Colgó, no es que necesitara tanto ese dinero tampoco, había ahorrado toda su vida y como no confiaba en los bancos (sanguijuelas del oriente), había llegado a almacenar unos quinientos mil en efectivo.

Volvió a su casa, reflexionando sobre su propia actuación durante ese día. No era sólo el centro lo que estaba absurdamente desordenado, sino sus propias reacciones, desde pedirle a una puerta que se abra, hasta aceptar con naturalidad un diálogo que se desarrolla luego de haberse caído sobre el parqué de un bar.

Y… las personas parecían distintas, hasta caminaban diferente. El recordaba con claridad el paso pingüino de sus vecinos de la infancia. Pero lo que decían los pasos de los que iban y venían era que los pingüinos parecían un hecho primitivo en la cadena evolutiva de las formas de caminar. Si hasta la señora que está comiendo un sándwiche se mueve hacia atrás, moviendo el cuello como un gallo.

Mientras volvía a poner tercera en la avenida, la transmisión hizo un ruido de palos quebrándose que no sonaba para nada como a sus habituales fallas mecánicas, y esta vez tuvo la característica consecuencia que se paró inmediatamente. Al observar la calle en busca de ayuda, encontró un cartel holográfico gigante que decía “Biblioteca: Libros, Enciclopedias, Revistas, Folletos”.

La biblioteca parecía vacía, aunque estaba abierta. Estaba compuesta de una gigante nave central y dos laterales.

- La catedral del conocimiento – dijo rascándose la cabeza.

Inmediatamente cientos de estantes se encendieron con neón en varios lugares esparcidos en la nave central. Se acercó a uno de ellos y cuando comenzó a mirar, cientos de engranajes, tornillos, bloques y maderas comenzaron a ponerse uno encima del otro hasta que formaron una imagen que le pareció muy divertida. Una tradicional basílica italiana barroca se sentaba sobre un tomo gigante de la “Suma Teológica” de Santo Tomás.

“La catedral del conocimiento” pensó. Y así se le ocurrió otra frase:

- Obra de envergadura.

Y nuevamente, cientos de pequeños bloques formaron nuevas construcciones en miniaturas. Estaba la Represa de Hover en Montana y otra más.

- Revolución Francesa

Ahora no había cientos de bloques, sino miles, que comenzaban a ocupar espacios que abrían los estantes. Cientos de soldados mataban cientos de personas, otros tantos escribían, la mayoría cultivaban, pero hasta entre estos se notaban diferencias, si prestaba atención. Unos sembraban vino, otros, trigo, algunos estaban alrededor de grandes castillos, otros alrededor de pequeñas mansiones.

Mientras tanto, los estantes seguían agrandándose y nuevos miles de personas de bloques en miniatura entraban en el escenario. Gente que aprendía, otros discutían, miles hacían el amor, algunos se golpeaban, otros construían, cocinaban, ordeñaban, regaban, fundían, compraban.

- Basta. Necesito algo más simple.

Los bloques desaparecieron, los estantes se cerraron.

- Versión simplificada de la revolución francesa.

Esta vez los estantes se dividieron en decenas de compartimientos. En algunos había gente sembrando vino que luego llevaban al puerto. En otro había unas personas vestidas de negro que discutían y anotaban líneas en un pizarrón diminuto. En otro había un gran salón con gente gritándose entre sí. En otro había un solo hombre. Cada una de las actividades que desordenadamente vio la vez anterior, con un nombre debajo de cada una: “Foucault”, “Marx”, “Habermas”. No había compartimentos con gente haciendo el amor, ni jugando a las cartas, ni conversando, ni fundiendo, ni golpeando, ni regando. Ni miles de tantas otras actividades que vio en la versión anterior.

Observando a su alrededor, los mismos estantes formaban las habitaciones donde el se paraba. En este momento, con el último tema, una simple habitación hecha de tierra con una mesa de madera tosca y trigo alrededor hacían escolta de un hogar en el medio.



- Razón de la falta de sentido de este mundo.

1 comentario:

Inconsciente Colectivo dijo...

Me siento hecho de bloques.
Nota: el cuento acaba de convertirse en un compendio del buen vivir, si usted se siente identificado con cualquiera de las acciones o comentarios del protagonista, está, sincera y sencillamente, fregado.

Me siento hecho de bloques.