domingo, agosto 14, 2005

El centro 3

Cuando comenzó a saltar sobre la puerta, esta desactivó el mecanismo de cerradura y permitió su paso a un nuevo cuarto. Este estaba iluminado por una gran ventana que daba al resto de la ciudad, las nubes sacaban rayos, pero parecía que se iban a contener las lágrimas.

Al lado de la cama, había un libro sobre “5 pasos para entender las explicaciones de los economistas”. “El primero es no escucharlo, y los otros cuatro es no acordarte” dijo a la habitación vacía. En tal momento, una biblioteca que estaba en frente de la cama giró sobre su eje y mostró un stand de colecciones completas de marketing y recursos financieros.

- ¿Un desafío?

Lo que pensó que iba a encontrar en ello era la refutación a los monetaristas o marginalistas. La explicación de la teoría del último Nóbel, o el análisis de la economía de algún país “milagroso” como Tailandia o Argentina.

Pero, en el stand había títulos como “Cómo pegarle a una pelota y evitar la fricción del aire” o “hervir tomates sin perder el calor de la olla”, el último era “demoliendo con las hormigas”.

Leyendo alguna parte de los libros, le sorprendió la importancia que le daban al tiempo. Casi todos decían, realizadas estas afirmaciones, usted habrá ganado 5 horas de tiempo en su vida, o 6, el de las hormigas decía, ¡2 meses!

A medida que los leía, comenzaba a sentir el sueño calar en sus ojos. La cama estaba tentadoramente pintada de un color beige crema y sus sábanas y mantas hacían juego con lunares rojos. Cuando dio el primer paso hacia ella, la cama se derrumbó, dejando un agujero que inmediatamente fue reemplazado con una mesa, una silla y una taza de café.

Se tomó el café y observó su fondo que decía: “Sin dormir se ahorran ocho horas por día”. Pensar que el hotel tenía cámaras ocultas era muy sencillo. Lo sencillo de la idea no dejaba de mostrar lo difícil de su realidad: ¿de qué hubieran servido la cámara en el primer pasillo?

Comenzó a sentir que el aire le faltaba, en cinco minutos se había tendido sobre el piso, y pensó que en cualquier momento iba ahogarse. La habitación, que por su vista y su decoración parecía transmitir sólo tranquilidad, se achicó frente a sus ojos, hasta comprimirlo entre las paredes. La asfixia debe estar provocándome alucinaciones, pensó.

Cuando le hablaban de alucinaciones el no podía soportar las ganas de reírse. Se imaginaba a todos quienes mencionaban el fenómeno como unos mentirosos que buscaban escaparse del ridículo de sus acciones en lo nocturno de los fines de semana.

Resignado a su inminente muerte, sólo pudo sentir el aire entrar en su cuerpo. Nuevamente la habitación estaba en su lugar, las paredes ocupaban sus techos y los techos ocupaban sus paredes.

- ¡este lugar está hecho por locos, me quiero ir. ¡Me quiero ir! – gritó evidenciando el silencio que acompañaba a la habitación –.

Cuando se abrió el suelo donde se encontraba y vio el techo, encontró el cuadro. Una foto de Elvis Presley saludaba su caída al vacío.

Tres segundos después estaba en lo que parecía ser una planta diferente del bar en el que había comido el puré.

- ¿Disfrutó de su estadía Sr.? – preguntó el joven empleado que había guardado su saco y billetera.
- ¿Qué estadía? ¡Eso no es un hotel! ¡Es una atracción de parque de diversiones!
- No señor, es el hotel de los huéspedes indecisos.

Con lo dicho, tomó sus cosas, y fue hacia la puerta, pensando si debía ir a la policía para denunciar la situación o dejarlo ser. Lo importante es que no le habían cobrado estar en ese lugar, pensamiento que le hizo tantear la billetera, que tenía exactamente la misma cantidad de dinero y su tarjeta de débito.

4 comentarios:

Inconsciente Colectivo dijo...

Si al final la historia termina teniendo coherencia, la facultad de Arquitectura debería entregarte un doctorado (en Arquitectura??) honoris causa por reparar edificios devastados. O algo así.
¿Impugnando el pacto ficcional? (;) ¿Quién pactó semejante cosa???

Lightbringer dijo...

La transaccción está finalizada. Usted lo leyó no sabe hasta donde tendrá consecuencias este cuento, comience a asignarle arbitrarios números a cada letra y encontrará el necronomicom codificado.

Buajajajajajajaj!.

Son las 3 de la mañana, aunque algún reloj diga lo contrario

Inconsciente Colectivo dijo...

No son las 3 de la mañana, son las 1 menos 10.
Tiempo subjetivo? Sucesión de las cosas y los seres? Qué me está ocurriendo?
Maldito cuento, empezó a hacer efecto. O tal vez sean esos duendecillos y su maldito te de naranja.

Lightbringer dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.